martes, 1 de noviembre de 2011

Taller... de indignación

A propósito de las recientes medidas tomadas por las directivas institucionales de la Universidad del Rosario, con respecto a los actos de violencia que se desarrollaron durante la marcha del 12 de Octubre de este año en contra de la Reforma la Ley 30 de 1992, las opiniones de los estudiantes se encontraron bastante divididas.

El pasado 24 de Octubre, numerosas pancartas fueron colgadas dentro de las instalaciones de la Universidad. No sólo en el Claustro, sino también en las otras dos sedes (Quinta de Mutis y Campus Norte). Se trataba de dos tipos de pancartas colgadas una al lado de la otra.

“Así lo hacemos los Rosaristas de verdad”, era lo que decía una de las pancartas, agregando imágenes de estudiantes escribiendo en sus escritorios, en clase. La otra decía “Así no es en el Rosario”, con la imagen de personas cometiendo actos de violencia (tirando piedras, palos, etc.)

Ciertamente el mensaje, así como el tamaño de aquellas pancartas fue desconcertante, especialmente porque nunca se había realizado antes acciones de este tipo –tan radicales-. Las reacciones de los estudiantes, evidentemente, resultaron polémicas.

En este taller, no representando más que una de las tantas opiniones expresadas por un grupo de estudiantes de la Universidad, nos proponemos a criticar las acciones tomadas por las directivas. Acciones que, en nuestra opinión, no son dignas de tan reconocida institución y causan, así mismo, repudio e indignación hacia estas.

Si bien el propósito de las directivas con dichas pancartas puede ser el de deslegitimar el uso de la violencia como método de protesta -por ejemplo-, el mensaje no se encuentra realmente claro y se presta a muchas interpretaciones.

En primera instancia, el uso de aquél método no resultó para muchos sino un tipo de contaminación visual, especialmente porque se induce a la represión del estudiante por medio de estas. Se trata entonces de estipular una imagen, de hecho bastante estereotipada del Rosarista como tal, en donde se pretende que “el buen Rosarista” no es más que un individuo pasivo que habla pero no hace. Se trata de una persona que ante todo se concentra en sus asuntos, y en la academia antes que otorgarle importancia a la marcha popular.

El “Rosarista de verdad” se representa como el individuo que permanece ajeno a los problemas y situaciones nacionales, deslegitimando así mismo a los marchantes quienes son representados como individuos violentos, casi merecedores de la fuerza bruta de las autoridades como el ESMAD.


Aquellas pancartas sugieren entonces una barrera social imaginaria entre los Rosaristas que se supone sólo debaten en la academia, y el resto de personas que salen a marchar. Se trata de algo así como una barrera de locomoción: quieren dominar el cuerpo de los estudiantes, diciéndoles cómo lo deben mover.

Las pancartas colgadas en la universidad no causaron más que estigmatización y segregación entre los mismos estudiantes, dividiendo así mismo sus opiniones. Esta vez, en vez de crear una unidad y un sentimiento universitario, como se dice que es la Universidad del Rosario, crearon discordia e indignación entre ellos.

A propósito de una pancarta en particular, la cual contenía la foto de una de las paredes de la fachada del Claustro, en donde se encontraba el graffiti: “Hans de mierda”, refiriéndose al rector de la Universidad, una serie de polémicas discusiones la rodean.
Fue de hecho a propósito de tal incidente y de supuesta violencia de los mismos estudiantes rosaristas hacia las instalaciones de la Universidad, que se emitió un comunicado de parte de la rectoría de todo el equipo directivo académico. 

Sin embargo, es válido preguntarse ¿cuántas personas de las que hicieron los graffitis sobre las paredes del claustro saben que están matriculadas en la Universidad como para decirnos a nosotros dentro de las instalaciones que eso no es “ser rosarista”? o ¿cuántas personas de las que aparecen en actos de violencia en las fotos estudian realmente en el Rosario?
Debemos también recalcar la intransigencia de la parte de la Universidad, pues así como pagamos por el buen estado de las instalaciones de la universidad, también lo hacemos para salvaguardarnos de la violencia que nos esté rodeando en el momento (como las ofensivas del ESMAD). Esto es porque muchos estudiantes trataron de ingresar a la Universidad para protegerse, sin embargo, no les fue permitido.

“Se logró evitar que derribaran la puerta principal e ingresaran al Claustro” dice una parte del comunicado, pero también “se logró” evitar que muchos estudiantes afectados pudieran salvaguardarse.

Es indignante que dentro de la Universidad condenen los actos de violencia de personas durante la marcha que afectaron las instalaciones del Claustro, pero no los actos de violencia de la policía que afectaron la integridad física de algunos estudiantes de la universidad. ¿Dónde queda aquella “comunidad” a la que le debemos el sentimiento de pertenecía y de orgullo?

Parece que al final importa más la imagen de la universidad y su infraestructura que los mismos estudiantes…

Pero lo más curioso en este momento para nosotras, como estudiantes de la Escuela de Ciencias Humanas es de dónde salieron los fondos para financiar aquellas gigantescas pancartas, teniendo en cuenta que la escuela como tal necesita tantas mejoras en el ámbito académico.


Indignación, ON.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Despierta!

Sin miedo a caer. Sin miedo a sufrir. Sin miedo a fracasar.
¿Por qué no logro reaccionar? Sé que es importante, se trata de mi futuro. Un futuro, ¿para qué? ¿Deseo en verdad vivir lo suficiente como para tener un "futuro"?
No te hagas más esto, me dañas, te dañas. Intenta sentir algo. Intento sentirlo, pero no lo logro. Los sentimientos se confunde, son ilusorios, se escapan entre los dedos de  mi corazón. ¡Llévenme con ustedes! Quiero sentir, como antes lo hacía. 

Él, maestro de inigualables y hermosos valores humanos, dijo que si el desinterés se salía de los marcos de aquél aula tendría problemas, no solo con aquella misma aula, sino también con las demás, y con las personas que las ocupan. No, no es el caso, le dije, es sólo esta aula la del problema. Mensonge...
Debo remediar esta situación. ¿Cómo? Nada me interesa realmente ahora, experimento con drogas interesante, quiero volver a sentir algo. De hecho, lo logro, por un breve instante... ¿y luego? Y luego nada. De vuelta a mi estado de incomprensión e incomodidad con la vida.

Ayer soñé algo. En realidad fue una pesadilla, que alguien convirtió en sueño. 
Me encontraba en mi actividad cotidiana más banal, hablando por el chat con alguien conocido, pero de rostro irreconocible. Me amenazaba. Vendría por mi, penetraría mis entrañas y me robaría el último suspiro. Confieso que me sentí impotente, y asustada... Sin razón alguna, comenté este hecho a C -a quien he atormentado mentalmente con movimientos femeninos y conversaciones infantiles e inocentes en los últimos días (nótese que se trata de mi actividad favorita y la más concurrente)- quien decidió convertirse en mi salvador y héroe en las horas de la madrugada. Pasada la escena, de repente supe que tenía clase, y la "amiga" de C apareció de la nada ante mis ojos para irse con él. No me importó realmente, C y yo jugamos y no jugamos a eso... Viendo cómo se alejaban, llegó el turno de mi partida, y para mi sorpresa fui a buscar mi acompañante en el clóset. Al abrirlo de par en par, A, P, K y J se encontraban plácidamente colgados por la espalda, esperando a ser elegidos para aquél día. Como quien elige a uno de ellos por día... Luego desperté.

Ella, a quien le digo mi moza, dijo que se trata de un grito inconsciente por compañía, verdadera y sincera compañía. No sé de qué habla. Nunca la he experimentado realmente, la compañía sincera, y si lo hice, fue hace ya mucho tiempo, no lo recuerdo, no recuerdo aquella sensación... Es como si hubiera envejecido de por lo menos unos veinte años en los últimos doce meses de mi vida, pero como dicen quienes me fascinan: 


viernes, 21 de enero de 2011

Cayendo en el vacío

El mundo ya no es el mismo. Mi mundo ya no es el mismo. Se ha transformado, ha cambiado. Mis ojos ven y observan la realidad de este cambio, sin embargo, yo sigo sin sentir nada. Ni un gota de sentimiento alguno se manifiesta en las entrañas de mi corazón. Ni un suspiro de tristeza, ni de felicidad. Nada, ni un suspiro. Ni una lágrima. Nada. 
Luego, sólo percibo con dificultad, en lo más profundo de mi ser, la amargura del vacío, de la ausencia de emociones, de la intolerable nada.

Analizando este mundo nunca antes visto, me he percatado que he sido muy ingenua y voluble. Me alegro de haber salido de aquella burbuja en la que me encontraba. Soy libre para descubrir las porquerías y miserias del planeta, así como la ponzoñosa marea de la realidad, que, si bien me ahoga en su toxicidad, me permite ver el panorama en su totalidad con absoluta claridad. 

El mundo es una mierda.