miércoles, 28 de septiembre de 2011

Despierta!

Sin miedo a caer. Sin miedo a sufrir. Sin miedo a fracasar.
¿Por qué no logro reaccionar? Sé que es importante, se trata de mi futuro. Un futuro, ¿para qué? ¿Deseo en verdad vivir lo suficiente como para tener un "futuro"?
No te hagas más esto, me dañas, te dañas. Intenta sentir algo. Intento sentirlo, pero no lo logro. Los sentimientos se confunde, son ilusorios, se escapan entre los dedos de  mi corazón. ¡Llévenme con ustedes! Quiero sentir, como antes lo hacía. 

Él, maestro de inigualables y hermosos valores humanos, dijo que si el desinterés se salía de los marcos de aquél aula tendría problemas, no solo con aquella misma aula, sino también con las demás, y con las personas que las ocupan. No, no es el caso, le dije, es sólo esta aula la del problema. Mensonge...
Debo remediar esta situación. ¿Cómo? Nada me interesa realmente ahora, experimento con drogas interesante, quiero volver a sentir algo. De hecho, lo logro, por un breve instante... ¿y luego? Y luego nada. De vuelta a mi estado de incomprensión e incomodidad con la vida.

Ayer soñé algo. En realidad fue una pesadilla, que alguien convirtió en sueño. 
Me encontraba en mi actividad cotidiana más banal, hablando por el chat con alguien conocido, pero de rostro irreconocible. Me amenazaba. Vendría por mi, penetraría mis entrañas y me robaría el último suspiro. Confieso que me sentí impotente, y asustada... Sin razón alguna, comenté este hecho a C -a quien he atormentado mentalmente con movimientos femeninos y conversaciones infantiles e inocentes en los últimos días (nótese que se trata de mi actividad favorita y la más concurrente)- quien decidió convertirse en mi salvador y héroe en las horas de la madrugada. Pasada la escena, de repente supe que tenía clase, y la "amiga" de C apareció de la nada ante mis ojos para irse con él. No me importó realmente, C y yo jugamos y no jugamos a eso... Viendo cómo se alejaban, llegó el turno de mi partida, y para mi sorpresa fui a buscar mi acompañante en el clóset. Al abrirlo de par en par, A, P, K y J se encontraban plácidamente colgados por la espalda, esperando a ser elegidos para aquél día. Como quien elige a uno de ellos por día... Luego desperté.

Ella, a quien le digo mi moza, dijo que se trata de un grito inconsciente por compañía, verdadera y sincera compañía. No sé de qué habla. Nunca la he experimentado realmente, la compañía sincera, y si lo hice, fue hace ya mucho tiempo, no lo recuerdo, no recuerdo aquella sensación... Es como si hubiera envejecido de por lo menos unos veinte años en los últimos doce meses de mi vida, pero como dicen quienes me fascinan: